
«Un salón de belleza que no resulte aburrido, ni sobrio, ni minimalista» Con estas premisas diseño un proyecto que resulta «encantador» para que las clientas se sientan como reinas.
María nos recibe con un sofisticado recogido en moño alto rematado con una gran flor blanca y un vestido de corte japonés amarillo. Manuela, algo más sobria aunque no menos elegante y estilosa, lleva un corte ondulado sobre el cabello corto de tono rojizo y un vestido negro con flores rosas y malva.
Ambas hacen de guia de estilo y color para esta peluquería en el casco antiguo de una pequeña ciudad de provincias.
Un gran mural de flores blancas y malva caen sobre un fondo verde agua y turquesa, base de enormes espejos palaciegos, zonifica la zona de corte y peinado.

El malva sirve de continuidad e impregna la zona de lavado.
Un gran biombo en forma de ondas delimita la zona de tratamientos.
Para dar fuerza al conjunto elijo un suelo contínuo en gris oscuro.

Todo el mobiliario sigue la misma gama cromática elegida para las paredes: malva, amarillo/dorados y verde agua.





