Marina heredó este ático en la Castellana de Madrid y en el decidió comenzar una nueva vida. El piso anteriormente estaba alquilado a unos abogados y aunque se encontraba en buen estado era imprescindible darle un aire nuevo sobre todo a la decoración.
Lo mejor del piso, además de su ubicación, es su amplitud y su gran terraza que aporta luminosidad a raudales. La propietaria quería un hogar abierto y muy alegre donde recibir a sus amigos y familiares.

La cocina se integra en el salón y se separa visualmente con una mampara muy ligera de aluminio con formas geométricas y espejos que crean un efecto espectacular reflejando la luz y el color que varía según la hora del día.

Una gran mesa blanca protagoniza la zona de comedor a la que se añaden sillones de fibra y madera. Una lampara de globos que no deja indiferente a nadie.

El dormitorio comparte protagonismo con el salón. Misma gama cromática y mismos materiales. El frontal de la cama va en rosa y el cabecero verde turquesa ocupando toda la pared, en lugar de mesitas hemos diseñado estanterías metálicas super funcionales y decorativas.



La gran terraza sigue los patrones de color del interior. Tonos neutros aderezados con el verde imprescindible de las plantas y la alfombra de fibra.
